Los brotes que crecen son de desigualdad

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El Gobierno se entusiasma con el rebote estadístico del nivel de actividad frente al derrumbe de 2016, pero esa recuperación no se asocia a una mejora distributiva. El coeficiente de Gini empeoró contra el año pasado y más aún frente al 2015. Por Tomás Lukin.

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La reactivación económica publicitada por funcionarios y voceros oficiales no se traduce en una mejora en la distribución del ingreso. El coeficiente de Gini, un indicador que cuanto más cercano a 1 sea el valor mayor es la desigualdad en el reparto de la torta, marcó 0,428 puntos durante el segundo trimestre de 2017. Las estimaciones oficiales representan un leve incremento interanual en la desigualdad frente al mismo trimestre del año pasado, cuando el índice se ubicó en 0,427 puntos. El deterioro distributivo es más significativo cuando se lo compara con los valores registrados por el Indec antes del cambio de Gobierno. Entre abril y junio de 2015 el guarismo llegaba a 0,410. Es necesario retroceder seis años en la serie histórica para hallar una foto distributiva más desigual. En ese momento el índice ascendía hasta 0,432 en el segundo trimestre.

El informe del Indec permite, por primera vez, analizar la evolución de la brecha en la distribución del ingreso durante el gobierno de Mauricio Macri. Durante el segundo trimestre de 2017 la diferencia entre el ingreso familiar promedio del diez por ciento de los hogares más pobres y el diez por ciento más rico llegó a 19,6 veces. Los datos oficiales muestran que la distancia entre los ingresos de los extremos de la pirámide distributiva se ensanchó ya que en el mismo período de 2016 la brecha fue de 18,9 veces. Dos años atrás, en el segundo trimestre la distancia entre los ingresos de los hogares del primer y el último decil había sido de 16,3 veces.

Los registros del organismo estadístico construidos en base a la Encuesta Permanente de Hogares evidencian que, aunque los ministros celebran mejoras en los indicadores referidos a la actividad económica, esos resultados no se observan en materia distributiva. Los indicadores dan cuenta en cambio de la consolidación del deterioro en el reparto de la torta registrado desde el año pasado que siguió a la aceleración de la inflación, los aumentos en las tarifas de los servicios públicos, el salto cambiario, la quita de retenciones y el incremento en el desempleo experimentados a lo largo del año pasado.

De acuerdo a los registros oficiales, el impacto de esas medidas en las condiciones de vida de los hogares no afectó a todos por igual: los más perjudicados fueron los de menores ingresos, lo que ensanchó la brecha distributiva. “Durante 2016, a la par que se resintió el poder de compra de los ingresos de los trabajadores, se vieron afectados en mayor medida quienes tienen ingresos más bajos, especialmente los dos primeros deciles (20 por ciento de los ocupados con más bajos ingresos)”, explica el último informe del Cifra que depende de la CTA.

Cuando asumieron las nuevas autoridades, el organismo estadístico interrumpió la publicación de los datos correspondientes a la distribución del ingreso entre el tercer trimestre de 2015 y el primero de 2016, por lo cual hay tres valores que se desconocen. El Indec volvió a ofrecer información hace un año. Esa es la brecha que llegó a 18,9 veces entre el primer y último decil. En el tercer trimestre del año pasado la diferencia de ingresos entre los extremos había ascendido a un pico de 21,7 veces y durante el período octubre-diciembre se ubicó en 18,7 veces. En el primer trimestre de 2017, el Indec informó que la distancia llegaba a 21,8 veces.

Los datos registrados entre abril y junio implican que el 10 por ciento más rico de la población se apropió del 31,3 por ciento de los ingresos mientras que al 10 por ciento con menos recursos le correspondió el 1,6 por ciento del total. Hay que sumar las porciones correspondientes a los primeros seis deciles de la pirámide distributiva para sumar una porción de la torta similar a la del 10 por ciento más rico. Para evitar las imprecisiones que arrastran los datos referidos a los extremos de la EPH –por ejemplo, la subdeclaración de los ingresos de los más ricos– se pueden realizar comparaciones alternativas como la relación entre el segundo y el noveno decil. Mientras que los primeros recibieron 3,2 por ciento del ingreso los otros se quedaron con el 16,9 por ciento.

La conservación de la deteriorada foto distributiva de 2016 viene acompañada por una transformación en la estructura laboral. Los puestos de trabajo perdidos en el sector privado manufacturero son compensados con empleo precario y de menor remuneración. Los datos revelan que el mayor crecimiento de asalariados se produjo en aquellos sectores con salarios entre 10 y 25 por ciento debajo de la media de la economía argentina. Por su parte, la mayor destrucción de empleo se concentra en aquellos asalariados que se encuentran hasta un 10 y 25 por ciento por encima del promedio como la industria manufacturera. Desde el Instituto de Economía y Trabajo (ITE) de la Fundación Germán Abdala advierten que los cambios en el empleo explican por qué si bien el nivel de actividad comienza a mejorar, no sucede lo mismo con el consumo masivo de bienes.

Por Tomás Lukin – Publicado en Página 12.

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